El Abandono del Poder

El Abandono del Poder

El Abandono del Poder. El liderazgo es concebido como una cuestión de mando. Sin embargo, pareciera ser que las peores crisis no tiene que ver con el hecho de mandar en sí, sino con dejar de mandar.

Ya sea porque un líder se encuentra repentinamente desprovisto de la confianza de sus subordinados, porque llega a su fin su período de mandato legal, o bien porque sencillamente ha llegado la hora en la que debe irse, esto genera numerosos problemas.

En la antigua Roma la sucesión de los emperadores estaba dada por intrigas palaciegas, militares y de la Guardia Pretoriana, la cual no era – estrictamente hablando – parte del ejército sino de la administración de palacio.

Los Papas, a imagen y semejanza de los emperadores, también fueron colocados en posiciones de poder o quitados en base a intrigas, en muchos casos.

En la actividad empresaria, en la política, etc. es posible ver de forma casi cotidiana este tipo de problemas y cabe entonces preguntarse si no es que el abandono del poder es la tarea más difícil que puede enfrentar un líder.

Irónicamente, personajes como Eva Perón, el Ché Guevara o Lumumba se han convertido en una especie de líderes inmortales cuando lo que identifica a todos ellos es que murieron relativamente jóvenes, de forma trágica y cuando se encontraban en plena actividad, con muchos seguidores a su lado.

Por otra parte, personajes como Jimmy Hoffa, quienes surgieron como auténticos líderes informales y que gozaban con el apoyo de muchos seguidores finalmente, tras enquistarse en el poder, se convirtieron en simples referentes inevitables, y estos generalmente mueren de la misma forma que han vivido.

Más allá de cualquier análisis ideológico, lo que es común a los primeros tres ejemplos es que ninguno de estos líderes estaba desacreditado frente a sus adeptos en el momento de morir. Eva Perón sufrió un cáncer, y tanto Guevara como Lumumba fueron asesinados. Es decir, no perdieron la posición de poder ni finalizó el mandato popular que de algún modo tenían a causa de sus errores sino del infortunio para ellos.

Por otra parte, la historia está repleta de casos en los que líderes eficientes que buscaron un bis y un tris en sus respectivos mandatos no resultaron tan excelsos en sus repeticiones, además de aquellos que sencillamente prolongaron sus mandatos formales o informales hasta lo indescriptible.

Juan Domingo Perón había sido presidente constitucional de la Argentina en dos mandatos consecutivos. Tras ser derrocado y pasar un exilio prolongado, volvió al país en 1973 para ser elegido nuevamente como la máxima autoridad del poder ejecutivo.

Indudablemente gozaba del apoyo informal de su gente; es decir, no había dejado de ser líder al momento de asumir el poder nuevamente. Sin embargo, poco a poco sus seguidores se fueron desalentando porque el viejo presidente no satisfacía sus expectativas y cuando murió, estos seguidores se habían dividido en facciones radicalizadas y sumamente violentas.

Si Perón no hubiera vuelto a la Argentina probablemente se hubiera convertido en un mito. Al intentar repetir su suerte se convirtió en un presidente que murió en su trabajo, pero nada más.

El auténtico líder, en el tiempo que su habilidad, buena fortuna y la lealtad de su gente le otorgan, debe establecer las bases que permitirán que su obra – y más importante aún – sus ideas se afirmen en el grupo que dirige.

Nada es eterno y el mandato de un líder tampoco, tanto como no lo es su vida; el que se aferra al poder no es un líder sino sencillamente un jefe que se aferra a lo que tiene en una postura defensiva, y quien hace esto no está pensando en mejorar, sino simplemente en mantener las cosas de manera cómoda.

El líder tiene que irse tarde o temprano; mantenerse en el poder no es una demostración de liderazgo sino de fuerza política; saber cuando hay que dejarlo a la vez de haber sembrado mientras tanto una idea que permita que los efectos positivos del mandato continúen es quizás la prueba más difícil y la que demuestra de forma más clara qué clase de individuo es el que afirma ser líder, y qué clase de líder ha sido.

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