El Juicio de los Necios

El Juicio de los Necios

El Juicio de los Necios «¿Por qué explorar? ¿Por qué aprender? ¿Por qué crear? ¿No es mejor dedicarse a atender el hambre, la desocupación o la pobreza?

Estas son preguntas que frecuentemente enfrentan científicos, artistas, emprendedores, innovadores, y también nosotros, la infrecuente casta de los exploradores.

Quienes buscamos la innovación en cualquiera de sus formas en medio del marasmo que representa la vida para muchos parecemos superfluos, tan superfluos como el conocimiento mismo que de alguna forma ayudamos a construir, pues a nadie debe caberle duda alguna que si quienes buscamos cosas nuevas somos superfluos, el producto de nuestro trabajo, es decir, las cosas nuevas, deberían ser superfluas también.

Pero aquí cabe preguntarse ¿es lo nuevo necesariamente superfluo?

La respuesta es muy simple, aunque la urgencia de la situaciones, o quizás la simple necedad escondida tras la excusa de las emergencias eternas, no nos permite ver el asunto con claridad.

Crear algo nuevo nunca es superfluo, aunque su utilidad no sea evidente a simple vista.

No lo es pues en toda creación, invención o descubrimiento hay características positivas por donde se las quiera ver:

1)- El proceso de creación o descubrimiento es positivo en sí mismo. Es positivo no solamente para quien desarrolla su intelecto y sus habilidades de esa manera, sino también para toda la humanidad que se beneficia de dicho proceso».

«Un niño que aprende a caminar da sus primeros pasos y no cuestionamos si toma la dirección de nosotros, o camina tambaleándose hacia la puerta o el televisor. Lo que importa es que finalmente camina.

Del mismo modo, la creación también se inicia a los tumbos, y puede seguir cualquier dirección hasta que las demandas del ambiente la perfeccionan. No hay que cuestionar la creación por la creación en sí. Lo que importa es que se cree, que se descubra y que se invente por una sencilla razón: inventar, descubrir y avanzar es parte de la naturaleza humana. Varios miles de años de historia y prehistoria así nos lo demuestran.

Pretender negar el valor de las creaciones, de los descubrimientos, hallazgos, invenciones y maquinaciones humanas es contrario a las fuerzas de la evolución y por consiguiente, quienes se cierren mentalmente de esa manera están destinados a desaparecer.

2)- El proceso de descubrimiento o creación aporta nuevas respuestas: nuestra civilización está construida sobre la base de respuestas. A veces dichas respuestas pueden resultarnos evidentes, y en otros casos no, pero siempre son respuestas que nos abren nuevos caminos.

Creer que una respuesta no nos sirve simplemente porque no la entendemos, o porque no le vemos utilidad inmediata, es necio. La lucha contra las enfermedades se basa en las respuestas de la medicina, pero en gran parte, dicha lucha se lleva a cabo a nivel microscópico que la mayoría de las personas no puede ver.

«Porque no podamos verlos a simple vista, ello no quiere decir que los microorganismos no existan, y sería bastante tonto burlarse de quien emplea un microscopio.

3)- Hay, naturalmente, beneficios económicos y de poder para quienes investigan. Los países que prestan atención al conocimiento son generalmente los más avanzados militar, política, social y culturalmente, y esto es algo constante a lo largo de la historia: Grecia, Roma, Inglaterra, Los Estados Unidos, y quién sabe cuál será el próximo. Perversos o no, estos imperios nunca se caracterizaron por poseer una población inculta, por despreciar el conocimiento, o por favorecer la indisciplina.

Muy por el contrario, estas sociedades exitosas se han caracterizado siempre por darle aplicación práctica y comercial a las ideas más esotéricas: del programa espacial norteamericano hemos obtenido productos comerciales tan diversos como los impermeables de Gore-Tex, los jugos liofilizados y el velcro.

De los viajes de exploración ingleses y españoles que a algunos parecían tan inútiles en su tiempo nos estamos beneficiando hasta nuestros días, pues sin ellos y las necesidades prácticas de la navegación no tendríamos cronómetros y relojes precisos como el que usted está empleando en este momento.

El conocimiento es la mejor forma de inversión, y la manera más sabia de ejercer poder sobre otros, pues la fuerza solamente destruye lo que está hecho y el dinero solamente puede adquirirlo, pero el conocimiento puede construirlo, y por consiguiente, puede hacer lo que ni la fuerza ni el dinero son capaces de lograr.»

4)- El conocimiento nos hace, tarde o temprano, más sabios. A veces los descubrimientos se adelantan a nuestra capacidad moral o ética para entenderlos, como ha sucedido en su momento con la energía nuclear, pero siempre llega el momento en que tomamos conciencia de su valor, su peligro y su utilidad. El conocimiento siempre encuentra la forma de hacerse conocer como se debe.

Si nosotros negamos el conocimiento en sí mismo, o si lo discriminamos simplemente porque tal o cual expresión del mismo no nos agrada o nos parece incorrecta, lo único que estamos haciendo es quitarnos posibilidades futuras de progreso.

No se puede predecir el futuro y por consiguiente, no se puede predecir cual será la utilidad futura de un nuevo desarrollo o descubrimiento. En consecuencia, negar su valor porque en la actualidad no le vemos una utilidad concreta e inmediata es sencillamente tonto. Es función de los líderes de calidad velar porque el conocimiento se mantenga a pesar de todo.

Tarde o temprano, el mayor conocimiento reclama un mayor entendimiento ético y moral de las cosas. Hoy en día consideramos a hombres y mujeres por igual, pues se han desarrollado normas sociales, morales y éticas que así lo determinan, pero dichas normas se basan en un muy importante substrato científico que demuestra claramente que no hay ninguna razón biológica para hablar de diferencias de capacidad o intelecto en base a las diferencias de género.

En la época de Leonardo Da Vinci, las mujeres eran consideradas como algo secundario dentro de la sociedad occidental. También era un hecho que las autopsias y los estudios anatómicos estaban prácticamente prohibidos, y la razón era que si bien la Biblia afirmaba que el hombre poseía una costilla menos que la mujer, pues Dios le había quitado una costilla a Adán para crear a Eva, un simple conteo de las costillas en los cuerpos masculinos y femeninos afirmaría otra cosa.

Esa obstinación causó desigualdades e injusticias durante siglos a nada menos que la mitad de la población. La aparición de la ciencia como manifestación del verdadero sentido común de una sociedad, la aparición de personas que sentían que debían crear, descubrir e inventar, y también contar costillas, cambió eso.

5)- La investigación sirve de inspiración y ejemplo, sobre todo para los niños. Incluso las ciencias que aportan beneficios poco evidentes para la sociedad, como la paleontología, pueden servir de modelo y ejemplo para niños que el día de mañana se convertirán en científicos.

Muchas carreras brillantes se han iniciado con un libro infantil, una película o un simple comentario, y en un mundo en el que pocas cosas pueden rescatar los mayores en muchas ocasiones, ejemplos – incluso idealizados – de científicos y exploradores, deben existir para que otros no cometan los mismos errores que nos han conducido hasta nuestra situación actual. La ciencia inspira.»

Quienes crean, descubren o se adelantan a su tiempo tienen que padecer no solamente las dificultades y rigores que el proceso mismo de creación entraña, sino también el juicio de necios e ignorantes que no contentos con serlo, encuentran especial placer en intentar nivelar hacia abajo por todos los medios a quienes envidian por llevar una vida más interesante que su mediocre existencia, pero que no siendo capaces de verse a si mismos, adornar la envidia que podría llevarles a competir, y en vez de hacer algo constructivo con esa sensación, se dedican a adornarla de ideas para justificar sus actos de ignorancia.

Van Gogh fue condenado por la sociedad de su tiempo, a Freud los Nazis le quemaron sus libros, a Sakharov lo enviaron a un Gulag, y todo simplemente porque aportaron cosas nuevas y distintas.

Hoy en día, sus aportes son más que apreciados, pero estas personas ya están muertas y no pueden producir más, y solamente podemos conjeturar acerca de qué otras cosas podrían haber creado si se los hubiera estimulado y ayudado en vez de someterles al juicio de los necios que se asustan de todo lo que destruye la conformidad y uniformidad del universo simplista que están acostumbrados a ver día tras día.

Por todo esto, la próxima vez que vea a alguien menospreciando a la ciencia, el conocimiento, o el simple deseo de descubrir, recorrer o crear, dígale a esa persona que está menospreciando a una de las inquietudes humanas más fundamentales, pero por sobre todo, que se está menospreciando a si mismo.

‘Los grandes espíritus siempre se han encontrado con la oposición violenta de las mentes mediocres.’
– Albert Einstein.

No se deje acobardar ni por las circunstancias.
ni por el convencionalismo de los demás. Anímese
a crear y explorar, que no hemos nacido para ser brutos.
sino para llegar cada vez más alto, más rápido y más lejos.

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