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Las Contradicciones Sexuales

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En estos tiempos, las mujeres vivimos y somos educadas en una serie de contradicciones. Marianne Walters (autora del libro La red Invisible) dice que las mismas madres educan a sus hijas para que sean inteligentes pero no demasiado, que destaquen pero que no asusten a sus pretendientes, que sean independientes pero que se dejen dominar, que piensen en ellas pero complazcan a los demás. Definitivamente es difícil y bastante contradictorio encontrar un punto medio en donde congeniar todas las exigencias que tenemos las féminas de hoy.

Pero ¿y los hombres? ¿Realmente les es más fácil cumplir con los parámetros y ser como se espera que sean los varones modernos? Seguramente no.

Ellos suelen querer una mujer inteligente, con proyectos propios y hasta cierto punto independiente, también desean que esa misma persona sea aquella que necesita una cierta protección, que gusta de estar en el hogar, es tierna, altruista y se preocupa por las necesidades básicas de su pareja. Justamente, que tengan iniciativa pero no demasiada, que tengan un buen trabajo pero no ganen más que ellos y que muestren sus necesidades sexuales pero les permitan a ellos tomar la iniciativa.

De la misma manera, las mujeres también solemos tener exigencias contradictorias, que lo menos que pueden crear es confusión en los hombres. Por un lado queremos que sean sensibles pero no cursis, muestren sus sentimientos pero sigan siendo fuertes, sean más cariñosos pero manteniendo el tono protector y que compartan las labores del hogar pero que no sean "mandilones".

Es cierto que para lograr un cambio profundo en la situación de las mujeres es necesaria la participación masculina y el cuestionamiento por parte de ambas partes acerca de lo que significa ser mujer. Pero también es cierto que para que los varones puedan reconquistar la tierra olvidada de su propia emotividad, de la paternidad afectiva y expresar sus miedos y debilidades, también se requiere de ese mutuo cuestionamiento. Por un lado ellos tendrían que sentir la necesidad y el deseo de hacerlo y por el otro, las mujeres tendríamos que cuestionar nuestras expectativas acerca del hombre ideal; porque mal que bien, no podemos negar que para una gran cantidad sigue siendo más atractivo el hombre rudo, fuerte, agresivo y líder, aquel que cumple con los parámetros tradicionales, que el varón suave y de carácter más tranquilo.

Walter Riso, comienza su libro Intimidades masculinas, diciendo que en realidad no es fácil ser hombre, en parte por estas exigencias y por el sinnúmero de mitos sobre la masculinidad que impiden la auténtica expresión del varón. Así entonces afirma, que la actual revolución masculina es ante todo psicológica y afectiva.

Quizá la clave no está en encontrar las dosis exactas de cada componente para lograr el hombre y la mujer perfectos, sino en permitirnos ser quienes somos, más allá de la necesidad de embonar en los moldes prefabricados de lo que se supone que tenemos que ser. Desarrollar nuestros potenciales y permitirnos expresar nuestras diferentes facetas, deseos y pasiones.

Uno es quien es, y además, es hombre o mujer.

Todos en el mismo molde

Por qué ese afán de seguir queriendo que todos quepamos en un mismo molde. Que las mujeres por ser mujeres tengamos vocación de ser madres y amas de casa y que los hombres por naturaleza necesiten un ambiente de competencia, se alejen de sus afectos y sean básicamente proveedores y protectores. Como dice Josep Vicent Marqués, si fuera tan natural no tendríamos que empeñarnos tanto en evitar que suceda lo contrario. No existiría la necesidad y motivación de hombres y mujeres por explorar y explotar ámbitos que en teoría no les corresponden.

Se arguye que los cambios en los roles actuales están acabando con la unión familiar y ante eso me surge la siguiente pregunta ¿buscamos vivir en pareja y formar una familia para satisfacer ciertas necesidades prácticas? ¿Lo complementario de ambos sexos consiste en que una se quede en casa y se encargue de que el ámbito privado funcione bien y el otro salga y se desarrolle en el público? Quizá más bien lo complementario está en lo que ambas personas puedan aportar a su relación a partir de lo que son y lo que los mantiene unidos es más un deseo que una necesidad de supervivencia.

Probablemente las modificaciones en los roles están justamente promoviendo un cambio en este aspecto, un cambio más de fondo. Cuestionan las razones por las que permanecemos unidos y por eso vemos amenazado nuestro vínculo de pareja cuando la otra persona ya no nos necesita.

Es decir, si los hombres buscan mujeres que deseen protección, sustento económico y alguien que tome las decisiones en la relación, es mucho más factible que ella no lo abandone, pues necesita de él para salir adelante. Y es acaso por esa razón que algunos hombres buscan mujeres que destaquen pero no demasiado, que sean independientes pero necesiten, más allá de lo afectivo, una serie de aspectos básicos que sin ellos, supuestamente, no podrían conseguir.

Por el otro lado, existe la idea de que los hombres son dependientes, necesitan quien se preocupe por sus cosas, esté pendiente de ellos y les ordene su vida. Y de hecho muchas veces se aplica. Con gran frecuencia son las mujeres las que gestionan el divorcio, y un buen número de ellas no vuelve a casarse, mientras que los hombres suelen no tardar mucho en tener una pareja otra vez. Y no es precisamente por una cuestión innata, sino de educación.

Ahora, probablemente si las mujeres buscáramos otras virtudes en los hombres ellos se presentarían de otra manera. Pero algo hay ahí que a nosotras también nos conviene. Mientras ellos sigan necesitando quién se haga cargo y organice ciertos aspectos de su vida, sentimos que es más difícil que se vayan.

Nos llevemos bien o mal, mientras nos necesitemos para funcionar cotidianamente, pareciera dar una mayor garantía de que la unión perdurará.

Por eso si le movemos a esa estructura apuntalada en la dependencia de los roles y logramos que tanto hombres como mujeres seamos independientes, esa base se tambalea. Pero ¿no sería mejor basar las relaciones de pareja en la construcción de un vínculo afectivo sólido, satisfactorio, positivo y enriquecedor para ambos? ¿Que estén juntos porque quieren y no porque de lo contrario cambiarán su nivel de vida, no tendrán la casa ordenada, o porque la sociedad espera que uno diga que tiene una familia perfecta aunque tras bambalinas sea un desastre?

¿De qué se trata, de guardar apariencias o de que tengamos todos la posibilidad de ser felices y desarrollar nuestros potenciales?

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